Como Lágrimas del Cielo

Como Lágrimas del cielo


Capitulo 5: La misión

Había llegado el gran día, eran casi las seis de la tarde y decidieron poner en marcha su plan. Durante toda la semana estuvieron planeando el asalto y finalmente habían decidido entrar el sábado, pues era el día en que el museo era más frecuentado. Sabiendo que de esa manera podrían esconderse con mayor facilidad una vez hubiera este cerrado sus puertas. Ese iba a ser su método, entrarían al museo como un par de turistas más y una vez dentro, justo a la hora del cierre, aprovecharían algún rincón discreto para ocultarse hasta el anochecer. Después, cuando todo el mundo se hubiera marchado, saldrían del escondite y localizarían la “Rosa de Sangre”, la destruirían para que de esa manera Nanimusha fuera libre al fin y acabara también para siempre la maldición impuesta por Dgeanor y sus secuaces. El Doctor conocía muy bien aquel museo ya que durante sus años de estudiante sus visitas habían sido frecuentes, siempre le había gustado aprovechar el silencio y la tranquilidad de aquel hermoso lugar para estudiar y relajarse antes de sus exámenes. Así pues, no tendrían ningún inconveniente a la hora de escoger el lugar adecuado para ocultarse hasta que la noche hubiese caído sobre la ciudad. Djnarr había quedado fascinado por la belleza de aquel edificio. La construcción databa aproximadamente del siglo dieciocho y su aspecto era realmente majestuoso, estaba rodeado por unos inmensos jardines, los grabados de aquella fachada habían hecho recordar al Nephilim otros tiempos mejores, días lejanos ya en los que Nanimusha y él habían estado juntos. Apenas si había hablado con el Doctor aquel día, sin embargo este sabia que Djnarr le apreciaba de veras y sabía también que le agradecía con todo su Alma inmortal el hecho de que estuviera ayudándole en aquella sagrada misión. La entrada al museo fue muy sencilla, todo funcionó de la forma en que lo habían planeado, durante casi dos horas recorrieron aquel vetusto edificio observando junto con los demás visitantes las maravillas que albergaba cada una de sus salas. Finalmente el guía les mostró la joya más vigilada de aquel lugar, “La Rosa De Sangre”, una pieza de valor incalculable que dejó como hipnotizados a todos los presentes, incluido al Doctor, pues a pesar de que Djnarr le había descrito con detalle el objeto de su anhelo, jamás hubiese podido imaginar aquella belleza tan inaudita, era sin lugar a dudas una magistral obra de arte. Fue también la primera vez que el
Doctor pudo ver llorar a su compañero y el instante más triste de toda su existencia, al pensar en la realidad que ocultaba aquella reliquia de incomparable perfección. Había transcurrido la totalidad de la visita y el museo se disponía a cerrar sus puertas a los escasos visitantes que paseaban todavía por los pasillos. De forma sutil el Doctor y Djnarr lograron sin problemas camuflarse tras las cortinas de una de las salas cerradas al público, se mantuvieron en silencio hasta que la oscuridad se adueñó de forma absoluta de cada uno de los rincones de aquel edificio, hasta que la luna llena fue el único testigo de su muda presencia en aquel lugar. Finalmente salieron de su refugio y se encaminaron sigilosamente hasta la habitación en la que horas antes habían podido admirar el encierro implacable del Alma mortal de Nanimusha, penetraron en aquella estancia conteniendo incluso la respiración, la tensión que les atenazaba casi podía tocarse y las gotas de sudor no tardaron en aparecer en la frente de ambos. Las sombras dotaban a la sala de un sentimiento siniestro que daba escalofríos, se podía percibir como el dolor y la angustia albergaban aquella habitación e incluso podía percibirse el aroma seco de la sangre derramada por aquel macabro “contenedor de lágrimas”, entonces Djnarr volvió a llorar…

Tras los primeros instantes de incertidumbre decidieron alcanzar el objeto, se hallaba cubierto por una pequeña cúpula rectangular de un cristal tan puro como la misma joya que protegía. Djnarr extendió sus brazos para levantarlo, pero la mano del doctor le detuvo en su intento.

-¡Espera, no lo hagas!

El Nephilim no podía comprender aquello, pero el Doctor le mostró la causa por la que había detenido su precipitada acción. De su bolsillo extrajo un spray, roció la cubierta transparente por toda la superficie y fue entonces cuando pudieron contemplar un espectáculo realmente desalentador. Alrededor del cristal, separadas apenas por unos pocos centímetros, comenzaron a brotar líneas de luz que impedían siquiera rozar aquel receptáculo. Estaban desconcertados, no obstante, después de unos momentos de reflexión decidieron que puesto que habían llegado hasta allí debían arriesgarse a superar también aquella invisible barrera que les separaba de su objetivo final. A pesar de que Djnarr estaba ansioso por tener entre sus manos el Alma de su amada una vez más, fue el Doctor el que asumió la iniciativa, su profesión le había dotado de un pulso extraordinario y eso el Nephilim también lo sabía. Se quitó la camisa y lentamente fue acercándose hasta la cubierta de cristal. Estaba nervioso pero poco a poco, casi de forma imperceptible, el Doctor afianzó sus manos y comenzó a izar la muralla cristalina que les separaba de la “Rosa De Sangre”. Después de casi diez minutos de inapreciable ascensión casi estaba a punto de conseguirlo. Djnarr observaba nervioso aquella escena, casi sin poder creer que estuviera tan cerca de obtener la libertad que tanto había ansiado…

-¡Alto, no se muevan!

De repente las luces se encendieron y un hiriente timbre invadió todo el museo, decenas de guardias aparecieron de la nada por cada una de las cuatro puertas que daban acceso a la sala, el ruido de las armas resultaba ensordecedor y amenazante, les habían descubierto. Djnarr temblaba de forma incontrolada ante la conciencia de que pasaría el resto de su inmortal existencia entre rejas, sin tener ya ninguna oportunidad más de acercarse a su amada ni tampoco de liberar a los Nephilim de su cruel condena. Pero a pesar de todo, el Doctor conservó la calma como ante la mejor de sus intervenciones quirúrgicas y de forma precisa terminó de levantar la cúpula de cristal lanzándola inmediatamente contra el suelo.

-¡Deténgase, no continúe o abriremos fuego!

Pero el Doctor ya no escuchaba aquellas voces de advertencia, asió la rosa con sus manos y sin pensarlo la arrojó también con todas sus fuerzas. En aquel mismo momento, antes incluso de que la joya hubiera impactado contra el frío mármol, sonaron los primeros disparos, decenas de detonaciones que impactaron de forma inclemente contra el cuerpo del doctor… Djnarr gritó aterrorizado y corrió a proteger el cuerpo de su compañero mortal, pero los vigilantes continuaron disparando una y otra vez, aquellas últimas descargas ya no eran necesarias. Arrodillado junto al doctor, el Nephilim giró el cuerpo sin vida del que había arriesgado su propia existencia para salvar la de alguien que no podía morir y fue entonces cuando pudo observar una amplia sonrisa en el rostro de aquel mortal. De repente Djnarr se sintió extraño, una energía incontrolable comenzó a recorrer todo su cuerpo, los guardias se acercaban lentamente al lugar de la estancia donde ellos se encontraban, pero él, que ya no era consciente de eso, de repente se percató de lo que había ocurrido…

La Rosa de Sangre había sido destruida al caer sobre ella el cuerpo del doctor, los fragmentos del cristal se habían incrustado de forma inmisericorde en su cuerpo y él había recuperado todos sus poderes. Djnarr se levantó rápidamente enfrentándose a los vigilantes que perplejos observaban su repentina reacción.

-¡No haga tonterías amigo, no queremos hacerle daño, túmbese en el suelo con los brazos extendidos y todo saldrá bien!

Djnarr empezó a reír como enloquecido. Levantó los brazos al cielo y el suelo comenzó a temblar bajo sus pies, los guardias del museo comenzaron entonces a disparar y lo que pudieron contemplar en aquel instante jamás podrían olvidarlo. Las balas penetraban en el cuerpo de aquel hombre pero él no paraba de reír. De pronto sus ojos se tornaron en un rojo violento y se elevó sobre las cabezas de todos los que allí estaban.

-¡ AUHD SHAS IDMOLDUM THSUAM OMO HAMM!

Aquellas impronunciables palabras fueron las últimas que pudieron escuchar aquellos infelices ya que al momento una intensa luz naranja, como de fuego, se abatió sobre ellos y de lo que una vez fueron seres humanos sólo quedaron ya sus sombras grabadas sobre el frío mármol blanco, como testigos silenciosos de lo que allí acababa de suceder. Desde el aire Djnarr observó la escena y supo que al fin volvía a ser libre. Su cuerpo, la imagen humana que él había adoptado al llegar a este planeta había desaparecido, desde las ventanas de aquel museo pudo contemplar la ascensión de decenas de Nephilim al lugar que les correspondía, El Naghar, la tierra que les había sido arrebatada de forma injusta por el amor de un Alma mortal que ahora finalmente también podría descansar en paz para siempre y que ya no volvería a sufrir jamás. Sabía también que nunca más podría volver a coger de la mano a su amada Nanimusha o acariciarle el pelo como a ella tanto le gustaba, pero su espíritu había sido liberado y eso le colmaba de felicidad. Aquel fue el día más hermoso de la inextinguible vida de Djnarr, Príncipe de los Nephilim del Aire, descendió en silencio junto al cuerpo sin vida del doctor y suavemente puso sus labios en los de él, una apacible luz blanca recorrió entonces el organismo de aquel mortal que sin duda había merecido también el regalo de la inmortalidad…

Despertó casi tres días más tarde, en una de las salas del hospital donde él trabajaba. Al parecer, una hermosa mujer le había traído hasta allí inconsciente y después había desaparecido. Nunca pudieron relacionarle con lo que había sucedido hacía tres noches en el museo. Los periódicos le dieron una amplia cobertura a aquella noticia, dieciocho guardias desaparecidos, una joya de incalculable valor destruida sin motivo aparente y unas extrañas sombras grabadas sobre el suelo de la sala principal. La gente no tardó en especular acerca de si esas sombras no serían en realidad, los “restos” de los vigilantes desaparecidos, aunque eso tampoco pudo nunca probarse…

2 comentarios:

ARMIDA MARTIN dijo...

decir que està precioso serà suficiente?..sorprendida, que apenas entrando en este espacio me encuentro con belleza, creatividad y buena escritura....ademàs de la mùsica que "me llega"...

saludos cordiales

lelahel dijo...

Muchisimas gracias Armida... todavía queda el final de la historia. Un afectuoso abrazo.